Historia breve de la Educación a Distancia

 

La EAD se relaciona estrechamente con las tecnologías de comunicación disponibles en cada época ya que requiere de la mediación en la trasmisión de los saberes, puesto que las personas que intervienen en el proceso de enseñanza y aprendizaje están separadas en el espacio y en el tiempo. Por lo tanto, cada tecnología comunicacional condiciona las potencialidades de esta modalidad educativa.

Pueden identificarse tres generaciones en la historia de EAD, la primera es la enseñanza por correspondencia, la segunda la enseñanza multimedia o de telecomunicación, la tercera es la telemática. Estas generaciones van surgiendo cronológicamente, sin embargo, no siempre se suplantan entre sí, sino que en muchos casos conviven o se integran.

La enseñanza por correspondencia comienza a desarrollarse en Europa y en Estados Unidos en el siglo XVIII. A principios del siglo XIX se extiende a Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Se orienta a oficios en el ámbito de la educación no formal y era ofrecida principalmente por instituciones privadas. Se la consideraba de menor calidad en relación con la educación presencial.  Recién después de finalizada la segunda guerra mundial algunas universidades empiezan a ofrecer esta modalidad, siendo la primera la Universidad de Sudáfrica (UNISA) a partir de 1946.

Los contenidos están en estrecha relación con la población a la que se dirige la EAD y con su historia, por lo tanto, en esta etapa se utilizaba material relacionado con oficios específicos, por ejemplo, dibujo, peluquería, mecánica, etc. que combinaban texto e imágenes y describían procedimientos.

La segunda generación, nacida a fines de los ’60, es llamada enseñanza multimedia o de telecomunicación. Los medios de comunicación que protagonizaron este período fueron la radio y la televisión, guiando la lectura del texto impreso con el apoyo de materiales producidos en nuevos soportes como el audio y el videocasette. Con la incorporación del teléfono comienza a delinearse la figura del tutor.

Tanto en la primera como en la segunda generación, el foco está puesto en la producción de materiales didácticos y en la posibilidad de orientar el aprendizaje, dejando en segundo lugar la interacción con los alumnos y de éstos entre sí.

La tercera generación surge a finales de la década del ’80 y es llamada telemática, ya que combina las telecomunicaciones y la informática. La computadora pasa a ser “el lugar” en el que convergen los materiales en distintos soportes: audio, video y programas interactivos, llamados muchas veces software educativo. En esta etapa el acento está puesto en el estudiante.

Antes del año 2000 ninguna tecnología de comunicación permitió incluir en sus propuestas de formación la interacción, es decir, la relación educativa entre todos los integrantes de un proceso de aprendizaje. Incluso la videoconferencia, el único recurso anterior a las plataformas virtuales que, además de la posibilidad de transmitir permitía la interacción, ha sido utilizado, en general, como mero transmisor de contenidos audiovisuales.

Gracias a la masificación de Internet y el desarrollo de los Entornos Virtuales de Aprendizaje (EVA), la interacción comenzó a formar parte fundamental de las propuestas de formación. Por ejemplo, los foros, espacios de intercambio asincrónicos, son puestos al servicio de una diversa gama de objetivos pedagógicos -talleres de escritura, debates sobre una temática determinada, consultas administrativas, etc.- con la riqueza propia de un trabajo grupal integrado por personas de diversas localidades y culturas. El chat, soporte sincrónico de comunicación, vence radicalmente la diferencia temporal existente en el aprendizaje por correspondencia y de modo más leve la que se da en el correo electrónico. Estos son sólo algunos ejemplos de la potencialidad pedagógica de ciertas herramientas de comunicación existentes en un campus virtual las que, apoyadas en la lectura y la escritura, favorecen un seguimiento personalizado del estudiante y a su vez compartido por el resto de los participantes.

En este punto cabe preguntarse si es posible seguir hablando de distancia física en términos de distancia espacio temporal o si, por el contrario, se generan un tiempo y un espacio propios. Según diversos autores, una plataforma virtual de aprendizaje constituye un espacio en sí mismo con sus propias lógicas de desplazamiento y al que es posible ingresar en diferentes momentos y acceder a distintos materiales en función del rol que se posea (estudiante, profesor, tutor, etc.). Aquí se abre un debate teórico -aún sin saldar- acerca de la denominación de esta modalidad. Surgen términos como educación virtual, educación en línea, educación no presencial, e-learning, para intentar definir esta modalidad educativa por alguna característica diferente de la distancia.

Por otra parte, es importante señalar que las tecnologías digitales y los entornos virtuales de aprendizaje pueden facilitar prácticas pedagógicas significativas, sin embargo, no las aseguran por su mera existencia. De la misma manera, para que sea posible desarrollar una relación comunicativa diferente de la tradicional, es necesario definir nuevos paradigmas respecto de las formas de enseñar, de aprender y de comunicar.

La calidad de una propuesta de formación no es la consecuencia obligada del uso de los recursos más novedosos, sino del diseño y la construcción de un ambiente de aprendizaje que ponga en juego los distintos recursos con una intencionalidad pedagógica planificada.

Por: Ana Marotias

 

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